¿Es la cara el espejo del alma? Lo cierto es que desde tiempos inmemoriales se ha especulado con la relación entre los rasgos, sobre todo los rasgos faciales, y determinadas características de personalidad y carácter.

Estas ideas, tradicionalmente llamadas fisiognomía, se encuentran incluso en escritos de Aristóteles, aunque su momento de mayor proyección fue el auge de las ciencias positivistas desde finales del XVIII y, sobre todo, en el siglo XIX. De hecho, su influencia puede rastrearse en grandes novelistas de la época, como Charles Dickens o Balzac, que caracterizaban a sus personajes de acuerdo con los postulados de estos estudios.

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Hoy día tanto los estudios de fisiognomía como la frenología (una disciplina desarrollada sobre todo en Alemania y que se centraba en la forma de la cabeza) son consideradas pseudociencias. Es decir, las correlaciones no son empíricamente significativas. Sin embargo, las ideas no solo no se abandonan sino que cobran nueva fuerza con la morfopsicología preconizada por el psiquiatra francés Luis Corman, cuya obra “Rostros y caracteres”, de 1985, está considerada la obra más completa sobre al materia, y se reedita hoy día en todo el mundo.

La morfopsicología actual divide el rostro en tres zonas: la frente o zona superior nos hablaría del aspecto mental y la capacidad de razonamiento; la zona media, que comprende los ojos, los pómulos y la nariz, nos habla del aspecto sentimental; y la parte inferior del rostro, los labios y la boca, que se corresponden con nuestra parte instintiva.

Estas son algunas de las correlaciones que apunta entre rasgos faciales y de carácter.

El ‘marco’:

Es uno de los conceptos clave en la actual morfopsicología. El marco se refiere a la estructura ósea del rostro y se supone que refleja el grado de energía de la persona, su potencia física. Además se observa a primera vista la ‘dilatación’, es decir, si la cara es ancha y abombada, o al contrario. Cuanto más ‘dilata’, más cordial, amable y servicial es la persona.

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La frente:

Es otro de los rasgos a los que se dan mayor importancia. Se supone que apunta las tendencias y comportamientos básicos de la persona. Cuanto mayor sea la zona de la frente respecto del resto del rostro, más preponderancia de los elementos reflexivos en la persona. Un aspecto importante son las sienes. Cuando son planas y definidas indican más capacidad de concentración para lograr los propios objetivos. Sin embargo, cuando son redondeadas y poco definidas indican un carácter más disperso

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Los ojos:

Los ojos, como la nariz y la boca, son lo que los aficionados a la morfopsicología llaman ‘receptores’. Es decir, indican la disposición ante el mundo. En el caso concreto de los ojos, éstos se ubican en la parte ‘sentimental’ del rostro, y dicen muchos de nosotros según la forma y el tamaño. Así, se supone que los ojos pequeños son indicativos de personas inteligentes y activas, aunque poco receptivas ante el mundo, mientras que quienes tienen los ojos más grandes son personas soñadoras, sinceras y, a menudo, más egoístas.

De acuerdo con la forma, los ojos rasgados indican mucha capacidad de percepción, mientras que unos ojos almendrados se corresponden con una mayor sensibilidad, además de necesidad de aceptación por el grupo.

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Cejas:

Su significado cambia según estén más o menos cerca de los ojos. Las cejas cerca de los jos significan más capacidad de concreción de los pensamientos, mientras que lejos significan más capacidad de percepción, aunque también cierta dispersión. Si además son cejas hacia arriba indican una mayor impulsividad y audacia.

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Nariz:

El tamaño de este apéndice es determinante. Según la morfopsicología, una nariz grande revela una mayor propensión al autoritarismo, aunque también mayor generosidad en los sentimientos, mientras que una nariz pequeña puede implicar poca entrega. En cuanto a la forma, las narices respingonas indican nobleza y necesidad de afecto, mientras que las narices aguileñas implican que los actos se realizan por interés. Por otra parte, si el puente de la nariz es muy estrecho se entiende que es porque hay poca comunicación entre las emociones y las reflexiones, es decir, cierta inmadurez emocional.

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Boca:

En las bocas se distingue si son tónicas (tienden a la sonrisa) o átonas (cae hacia abajo). L aboca átona nos indica una actitud pasiva ante la vida. Se atienden también a la forma y el tamaño de los labrios: los labios finos indican claridad en el pensamiento y en la forma de expresarse, los labios gruesos, especialmente el labio inferior, indican gran generosidad.

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Orejas:

La forma de las orejas también puede decir cosas sobre la personalidad. Las orejas carnosas indican sensualidad, mientras que las finas se asocian con personas sensibles y delicadas. Cuanto más redondeadas, más creatividad.

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