Llevar una vida sana de tupper

 

Encontrar el equilibrio entre tiempo o dedicación para prepararnos el tupper cada día y calidad de las comidas es esencial para mantener el equilibrio de nuestra salud. Ahora bien, sabemos que no es fácil conseguir el rigor (y tiempo) necesario para tener siempre los alimentos frescos necesarios para cocinar y el tiempo requerido para prepararlos con mimo y cuidado.

 Llevar una vida sana de tupper

Lejos de plantearnos el tener que hacer un tupper como una obligación o una carga, podemos empezar a aportar toques de creatividad y pensamientos constructivos que nos permitan conseguir el hábito saludable necesario para no abandonarlo.

No olvidemos que, como toda rutina, cuando cogemos el ritmo ya interiorizamos como normal ese proceso y deja de ser un acto que nos produzca pereza. Situaciones de este tipo las vemos diariamente a la hora de cepillarnos los dientes, en la oficina beber del dispensador de agua o bien salir a hacer deporte periódicamente. Al principio no tenemos estos gestos interiorizados, y debemos pensar en ellos o bien forzarnos a ello para entrenar nuestro subconsciente. Una vez forma parte de nuestro día a día, ya todo va rodado.

Algo similar ocurre con el proceso de preparación de nuestros tuppers para el trabajo. El primer día lo hacemos con toda la ilusión del mundo y nos pasamos 2 horas cocinando la tarde/noche anterior para ser la envidia de toda la oficina. Luego pasamos a comer las sobras de aquella gran cocina, y finalmente con los días o las semanas caemos en la tentación del recurso fácil del precocinado o alimentos fáciles de cocinar pero pobres a la larga en nutrientes y vitaminas.

Uno de nuestros principales refuerzos para no abandonar este “proyecto tupper saludable” es recordar lo bien que nos sentimos cuando acumulamos dos o tres días seguidos comiendo equilibrado y acompañados de un vaso del dispensador de agua. El agua debe ser otro de nuestros pilares de la salud del día a día, no lo olvidemos.

Un consejillo para quienes tienden a pasarse en cantidades es comprarse tuppers más pequeños. Y es que inconscientemente tendemos a rellenar los platos o recipientes donde vayamos a comer por una sensación de saciedad o simetría que nos provoca. Cuanto más pequeño sea el plato o tupper, menos cantidades pondremos sin darnos cuenta, y no por ello dejaremos de saciarnos o cubrir con los requisitos alimenticios mínimos.

Para acabar, un último consejo es que no tiremos por la borda el trabajo de la comida con una cena copiosa o desmesurada. La cena debe ser la comida más ligera, optar por los pescados, la verdura, yogures desnatados y piezas de fruta puede ser más que suficiente para saciar nuestro apetito, aportar los contenidos que nuestro cuerpo necesita y ser el preludio de un descanso más profundo y de calidad gracias a una digestión más ligera.

 

¿Qué otros consejos o trucos seguís vosotr@s? ¡Os queremos escuchar!

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